Como esta es la última columna de Temas y
sucesos, correspondiente al año que termina, decidí recordar lo que aquí se
escribió en este espacio hace unos años por estas fechas:
“Durante una visita de funcionarios de la
Embajada de Canadá en México, a un centro de atención a niños con cáncer
ubicado en la capital del país, a una niña de apenas 6 años le preguntaron qué
le pediría a Santaclós y su respuesta fue la siguiente:
“Le pediría unas alas para salir volando de
este lugar”.
En esa expresión salida de lo más recóndito de
su alma, esa niña estaba deseando poder “escapar” de aquel infierno.
No porque exista allí en ese centro de
atención un mal trato para las niñas y niños con cáncer que allí están, sino
porque esa terrible enfermedad los hace sentirse prisioneros, soportando las
radiaciones y demás medicamentos que se les aplican para detener o controlar
sus males.
A pesar de los avances de la medicina, todavía
el cáncer sigue siendo una enfermedad que nos arranca poco a poco la vida.
Un mal prácticamente incurable que a veces nos
despoja de los seres que más amamos.
Una enfermedad que doblega nuestro espíritu y
nos hace ver lo vulnerable que somos, los seres humanos.
Por eso siempre hemos aspirado a alcanzar la
inmortalidad.
Por eso la extraña petición de aquella niña.
Cuando cientos, miles de niños en sus hogares
redactan sus cartitas al gordito simpaticón que en su trineo reparte regalos
navideños, esta inocente criatura sólo pedía unas alas.
¡Unas alas para volar!
Pero no como las de Dédalo e Icaro que eran de
cera y se derritieron con el sol.
Ella quería unas alas de águila real, fuertes
y poderosas.
Esa niña no le pidió muñecas ni otro tipo de
juguetes al clásico personaje navideño.
Víctima del terrible cáncer, no podía
conformarse con cualquier regalo.
El más preciado, es la libertad.
Libertad para vagar, primero por toda su casa.
Luego por las calles de su barrio o colonia.
Para ir a la escuela.
Enseguida vagar por la ciudad.
Y después por donde le fuera posible.
Como lo hacen las aves que ella mira cruzar
raudas y veloces por el cielo.
Unas alas para alcanzar la libertad.
¿Cuántos seres en el mundo anhelamos como esa
niña, unas alas para volar?
Pero las alas que ella quiere no son para que
la lleven a Dios y así acabar con sus sufrimientos.
Porque ella quiere vivir.
Pero libre de esa terrible enfermedad, que es
el cáncer.
Y lo va a lograr si también todos nosotros nos
unimos en esa petición que hace para tener sus alas.
Porque esa determinación de alcanzar la
libertad, conmoverá sin duda alguna al único médico que, más allá de la
medicina, puede salvarla: Dios...”
Feliz Navidad y Próspero Año 2013 para todas y
todos y los lectores.
La lectura es vida, lo demás...es lo de
menos...hzr@prodigy.net.mx
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