jueves, 18 de septiembre de 2014

Temas y...recuerdos trágicos

Desconozco si a Ernesto Verdugo le tocó vivir el terror de la fuerza huracanada de Odile la madrugada del pasado 15 de septiembre, cuando para miles de residentes de Baja California Sur, el tradicional Grito de Dolores se convirtió en eso, precisamente, en un grito de dolor intenso por las pérdidas materiales que nos provocó este fenómeno de la naturaleza.
¿Por qué Ernesto Verdugo?
Porque este sudcaliforniano de la zona de Los Barriles, quien también es un reconocido réferi de boxeo, es un sobreviviente de aquel gran terremoto que azotó al Distrito Federal y a varios estados del país, aquella mañana del 19 de septiembre de 1985 y entonces me pregunto si el pasado lunes habría vivido también la experiencia de sufrir los embates de otro de los fenómenos naturales más destructivos y mortíferos en la tierra.
Ese fatídico 19 de septiembre, Ernesto se encontraba en la capital del país en su calidad de titular de una de las Subdelegaciones del Issste en Baja California Sur y se había hospedado en el hotel Regis.
Siendo un consumado deportista, esa trágica mañana se levantó a realizar una caminata en los alrededores del hotel donde se hospedó y sin explicarse por qué razón lo hizo, decidió llevarse la billetera y sus credenciales, tanto la del IFE como la del cargo administrativo que ostentaba.
Ernesto abandonó el hotel al filo de las 7 de la mañana y cuando regresó luego de trotar unos minutos se quedó petrificado al ver las ruinas en que el inmueble se había convertido. Su mente quedó bloqueada y empezó a correr alrededor de la zona, como enajenado.
En esos momentos pasaba por allí el prestigiado periodista de la TV Jacobo Zabludovsky quien transmitía por radio los pormenores de lo que había sucedido en esa zona del Distrito Federal ya que la señal de Televisa se había dañado.
En su crónica de los trágicos sucesos, Zabludovsky hizo mención a que había gente que no se daba cuenta de la tragedia que estaba a su alrededor y mencionó que ese era el caso de Ernesto quien seguía corriendo. “No nos explicamos cómo es posible que haya gente que no dimensiona lo ocurrido esta mañana y anda aquí corriendo como si nada hubiera sucedido”, diría, palabras más palabras menos, el conductor del noticiero de más larga duración en la TV privada de México, 24 Horas.
Como es sabido a raíz del terremoto de 8.1 grados en la Escala de Richter, se cortaron las comunicaciones telefónicas y no hubo manera de que Ernesto se comunicara a La Paz con sus familiares para decirles que, por fortuna y casi más bien por un golpe de suerte, él había resultado ileso.
Pasaron los días y entonces se pensó en que Ernesto Verdugo, al igual que otros sudcalifornianos que allá se encontraban ese día, como Gabriel Ojeda Agúndez y Humberto Arce Sánchez, había perdido la vida y lo velaron en ausencia.
El profesor Carlos Vidal Yee Romo también se había salvado porque logró bajar por las escaleras del segundo o tercer piso del hotel Regis a la calle y en cuanto estuvo del otro lado de la acera, el edificio se derrumbó estrepitosamente.
En cuanto al huracán Odile al que ya algunos lo llaman Odi…ado, he platicado con personas que tienen muchos años de vivir en La Paz y no recuerdan un ciclón tan aterrador como este con todo y que Liza provocó cientos -según las cifras oficiales que van de 454 a 630- de decesos, pero que debieron ser miles pues 8 colonias quedaron totalmente destruidas.
A mí en lo personal me tocó vivir el paso del huracán John en el 2012 que pasó por esta ciudad capital con categoría I en la escala Saffir Simpson, pero nada que ver con Odile que entró casi con categoría 4 y pasó por aquí entre 3 y 2.
Lo de Liza no lo experimenté porque ese día me fui a Ciudad Constitución a entrevistar para El Tiempo de La Paz, al entonces alcalde de Comondú, Daniel Moska Masaki y me tuve que quedar allá porque cuando llegué al ayuntamiento, se encontraba en una sesión de Cabildo y me pidió que platicáramos al día siguiente.
“Esto está de la chin…” me dijo Ramón Ortega (qepd), cuando le hablé esa noche del 30 de septiembre de 1976 para decirle que regresaría a La Paz hasta el día siguiente. Lo que encontré a mi regreso, desde luego, fue un panorama aterrador de desolación y muerte.
La lectura es vida, lo demás…es lo de menos…hzr@prodigy.net.mx



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