sábado, 13 de febrero de 2010

Los novios con Síndrome de Down

Alguna vez en este espacio, aunque en otro medio, le dediqué el comentario a una pequeña que padece el síndrome de Down.
Encabecé esa columna, recordando el título de una de las canciones que fueron éxito del grupo británico, Bee Gees, Cómo Ayudas a un Corazón Roto
Según el diagnóstico médico, la niña tenía un pequeño orificio en su corazón que con el avance de la edad le iría creciendo, lo que pondría en riesgo su vida.
No se qué pasó con aquella pequeña, pero me acordé de ella porque leí una nota hace unos días en la que narra los casos de Jorge de 36 años y Erika de 24, quienes padecen también del síndrome de Down y se aman profundamente.
Ello, según la crónica noticiosa, ha provocado que se de un cierto rechazo hacia ellos porque no ocultan su noviazgo y quieren actuar como actúan todas las personas.
“Nunca estamos en completa libertad. Nos vigilan día y noche. Ni en la escuela ni mis padres ni sus padres nos dejan en paz porque tenemos síndrome de Down y ellos tienen miedo”, dice Jorge.
Ellos son novios desde hace dos años.
Y sienten lo mismo que sienten las parejas normales.
Pero son víctimas de represión por ser espontáneos en su actitud.
Esto puede obedecer a que a pesar de que tengan varios años de vida, las personas que padecen el síndrome de Down, parecen niños.
Y a los niños no se les permite que hablen de cosas del sexo y de las relaciones íntimas.
Jorge y ERika tienen discapacidad intelectual leve, estudian y trabajan en una panadería del Centro de Educación Down del DF y ganan 400 pesos al mes y están ahorrando por si llega la oportunidad del matrimonio.
¿Deben casarse?
Esa es una interrogante que debe gravitar permanentemente en los pensamientos de sus padres.
Ellos saben que un matrimonio entre Jorge y Erika, es harto difícil.
Pondrían en serio riesgo a sus hijos de que heredaran el síndrome de Down.
Pero ¿no tienen derecho a ser felices?
Yo creo que sí.
Y no sólo ellos, sino todos los seres humanos que tienen esta y otras enfermedades discapacitantes.
Por desgracia no sucede así.
Y no sólo sufren ellos, sino quienes están en su entorno familiar.
Incluso sus amigos o las personas que los aprecian.
Pero en el caso de Jorge y Erika, es un sueño lograr que su amor termine en el altar.
Por lo pronto están viviendo una pesadilla.
Una pesadilla de la que quieren despertar y ser como los demás.
Al menos en lo que respecta a los sentimientos, al amor.
Que no los vean como seres extraños.
Como si fueran extraterrestres o seres diabólicos.
La discapacidad no debe hacer diferentes a las personas.
Ante Dios, todos somos iguales.
Si alguno de sus hijos o alguna de sus hijas fuera víctima del síndrome de Down ¿usted que haría?
Píenselo...
La lectura es vida, lo demás...es lo de menos...hzr@prodigy.net.mx

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